HISTORIA

Martí Vicens Alemany, (Mallorca, Pollença, 1926-95) creció en una familia humilde pollensina dedicada a los tejidos. Su padre, Martí Vicenç Vilanova, era muy conocido en el pueblo, gracias a ser el primero en introducir las telas de lenguas.

Persona de izquierdas, estuvo muy involucrado en temas de ayudas sociales a su pueblo y entorno. Se casó en 1955 con Antonia Capllonch, y crearon juntos «Teixits Vicens» en la casa de Ca’n Sionet, en el Calvario de Pollensa . Después de unos años cambiaron el taller al actual lugar, en la rotonda Ca’n Berenguer Pollença.

Murió en 1995. Y su mujer se hizo cargo del taller de Teixits Vicens. Al encontrarse con gran cantidad de obra, creó el Museo Marti Vicens, donde albergar su obra artística y artesana. La Fundación Marti Vicens se puede visitar en el calvario n 10 de Pollença (Mallorca)

 Los tejidos formaron parte de la vida de Martí casi desde su nacimiento; sus abuelos tenían un pequeño taller de tejidos de lana, de tela de obrat y de brinet en la calle del León núm. 55. Más adelante su padre, Martí Vicenç y Vilanova, introdujo la tela de lenguas y un estilo más libre dentro de los tejidos pollensines. Martí y su hermano Rafael ya manejaban los telares desde muy pequeños para tejer los «cànyom», que son una especie de delantales hechos de lana y lino. Martí no pudo ser instruido por su padre, ya que éste murió joven a la Guerra Civil y no le pudo transmitir todos los conocimientos que tenía del oficio, pero con la ayuda de unas anotaciones y con su poca experiencia «reinventó», como él decía, la tela de lenguas y le dio desde el primer momento su toque personal experimentando con los colores y las composiciones. Todo este proceso se inició en un pequeño taller en la calle del Pozo El Verger que más adelante pasó a la calle de los Reyes Católicos; se casó con Antonia, en quien encontró la compañera ideal para poder exteriorizar sus ansias creativas. Mientras tanto los colores y las texturas fluían en su mente y creaban una colección de tejidos muy extensa e innovadora -sin perder nunca el espíritu artesano de la tela mallorquina- que adaptó a todo tipo de ambientes; esto le permitió más libertad para realizar tapicerías, ropa de mesa, de dormitorio y así hasta el infinito. Con mucho esfuerzo la pareja compró la casa de Can Sionet, el Calvario de Pollença, actual sede de la Fundació Martí Vicenç. Para ampliar su taller, que pronto le quedó pequeño, se trasladaron a la carretera del Puerto de Pollença en Pollença (can Berenguer).

No debemos olvidar la actividad artística de Martín Vicens, de la que salió un gran número de obras pictóricas y escultóricas que surgen de la inquietud que tuvo Martín y que reflejan su oficio y su voluntad de ir más allá de la experimentación de los materiales y de los espacios.

Para encontrar los inicios de esta actividad hay que remontarse al año 1955 (año de su boda). En esta época un pariente de su mujer llamado Pep Balater tenía una carpintería y dentro de este ambiente Martí comenzó a hacer sus primeras tallas de madera; a partir de este momento, influenciado en parte por el ambiente artístico pollensín en plena ebullición y en parte por su inquieta personalidad, comenzó a pintar; primero utilizó técnicas clásicas y después se inició en el uso de materiales ajenos a la pintura: madera, latas, elementos encontrados en la playa y, sobre todo, hilos y materiales textiles. Esta actividad le acompañó durante el resto de su vida y lo llevó a crear una gran cantidad de obras, obras que nunca eran ejecutadas con un propósito comercial, sino por simple satisfacción personal.

Tampoco podemos dejar de lado las otras actividades que llenaban la vida de Martí Vicenç: hizo varias incursiones en política local, siempre con una clara postura de izquierdas y estuvo siempre comprometido con las cuestiones sociales de su entorno.

Después de esta intensa actividad aún le quedaba tiempo para dedicarse a otra de sus grandes pasiones: la naturaleza, tanto de la parte del mar como de la montaña.